¿Qué se juega Riquelme en la final de Boca?

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Para bien o para mal, a juicio siempre abierto de detractores y afines, este 2021 futbolístico de Boca habrá sido de Juan Román Riquelme antes que de alguien más. Sus huellas, su impronta indisimulable, están visibles en cada decisión, en cada acierto y en cada error. Desde los refuerzos en un mercado hostil, hasta el despido sin amabilidades de Miguel Russo, pasando por la entronización a medias de Sebastián Battaglia como técnico y su destino incierto y tambaleante: en todo está detrás.

Casi nunca a la vista, casi siempre desde las penumbras del poder, la figura más emblemática de la historia de Boca, presente en Santiago del Estero, también se juega una ficha fuerte en esta final de la Copa Argentina, al punto de que su halo inmaculado que envuelve su idolatría podría a comenzar a agrietarse a la luz de las crisis que, más temprano que tarde, terminarán por alcanzarlo a él también.

En la Superliga 2019-2020 puso su huella digital como parte de ese sprint final del torneo que coincidió con su desembarco en su nuevo rol de dirigente del club. Pero los laureles fueron más para un ciclo de Russo que, paradójicamente, mostró lo mejor al comienzo. La Copa Maradona fue una transición en su capacidad de dominio. Comenzó a aparecer alguna pincelada suya en la elección de jugadores (Zambrano, la vuelta de Cardona), pero el equipo y el vestuario todavía no eran terrenos conquistados por su mando.

Pero la prematura despedida de Tevez, allá por fines de mayo, le abrió al vice la puerta del vestuario, una zona vedada hasta entonces para el vicepresidente. Eso comenzó a cambiar drásticamente después de la traumática eliminación de la Copa Libertadores.

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A partir de ahí, Riquelme dio un paso hacia el primer plano. Su presencia en el palco en los dos partidos que tuvieron que jugar los pibes por el aislamiento del plantel post Mineiro fue simbólica, pero también marcó un cambio de época: fue un acto de asunción real. A fines de julio se dieron los partidos que dirigió Battaglia en la emergencia, y fue en agosto cuando el Consejo precipitó la salida de Miguel. Fue una serie de decisiones calculadas: Russo fue funcional para los primeros pasos, Battaglia fue la llave para tener más control sobre lo que sucediera en la cancha.

Los pasos siguientes, sin embargo, no lo alejaron de las dificultades. El equipo tuvo vaivenes más allá de que Battaglia cumplió con los requisitos que le impusieron (hasta aquí, tener un equipo más ofensivo, con más pibes y clasificar a la Libertadores). El microgate post Gimnasia enrareció mal el clima entre el DT y vice.

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Por eso, un triunfo no sólo es vital para Battaglia, sino para Riquelme mismo, porque más allá de los errores (evidentes) de planificación y armado del equipo, un título endulzará el año y le dará otro color, aunque no tenga brillo. Como primera medida, le dará margen de maniobra a Román para concluir -eventualmente si así lo decidiera- el ciclo del León, que ni fue interinato ni mando pleno, porque ahí también, en esa ambivalencia para definir roles, está la sagacidad de JR para condicionar a los otros. El escenario de derrota, en cambio, es difícil de imaginar. Mejor no hablar de ciertas cosas…

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