Gallardo, a 90′ de levantar su pagaré de liga

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En el final de Volver al Futuro III, parado sobre la escalera de una máquina del tiempo a vapor, el Doc Brown recita la moraleja de la saga y -quizás- la línea más trillada la película: “Tu futuro todavía no ha sido escrito, ni el de ninguno. Tu futuro es el que tú te formes”. Como siempre, lo que ocurre en el cine es aplicable a la vida cotidiana. Y al fútbol.

Esta noche River podría terminar de readaptar aquella escena spilbergiana: con sumar un punto será campeón de la Liga Profesional de Fútbol tres fechas antes de completar su cronograma de partidos. Un logro que 99 días atrás hubiera resultado improbable de imaginar, cuando el golpe de la eliminación de la Libertadores frente a Atlético Mineiro -días después de otro tropiezo fuerte, frente a Boca, en la Copa Argentina– había generado una sensación de prematuro desgaste, de ciclo en presunto peligro de extinción.

River, con la pluma estratégica de Marcelo Gallardo, escribió su propio futuro burlándose de aquel que parecía redactado en el purgatorio post Belo Horizonte. Y está cerca de levantar el pagaré liguero, ese torneo que en la Argentina todavía no pudo ganar. Su éxito fue tal que hasta se ha permitido maquillar con holgura estadística lo que en realidad fue una prueba de resiliencia permanente.

El puntero no sólo tuvo que descontarle puntos a Talleres sino que a su vez debió sortear dificultades que forzaron el replanteo táctico y estratégico para darle forma a quizás un equipo mucho más artesanal que el de otros tiempos.

El Muñeco, antes de llevar al líder a este penúltimo peldaño, se vio obligado a aumentar la base de sustentabilidad de su plantel, promoviendo al rango de primera opción a juveniles como Enzo Fernández, Santiago Simón, Felipe Peña Biafore o Benjamín Rollheiser, recuperando niveles de talentos más experimentados (Robert Rojas, Agustín Palavecino) y elevando al escalafón de figura absoluta a otro joven como Julián Álvarez.

Todos talentos de ADN compatible que, cuando se ensamblaron, refrescaron el estilo del equipo, dándole verticalidad, velocidad y una energía que parecía agotada después del 0-3 en Brasil.

Las lesiones que azotaron a River

El éxito en la multiplicación de recursos acabó permitiéndole a Gallardo sortear el azote de una especie de plaga bíblica de lesiones: veintiséis bajas en idéntica cantidad de partidos, sumando la miocarditis que afectó a Leo Ponzio, la fisura de Enzo Pérez (jugó con ella el superclásico, nada menos) y su posterior luxación de codo, la sinovitis por la que debió ser operado Matías Suárez, la rotura de cruzados del pibe Peña, la trombosis venosa que todavía no le ha permitido entrenarse con normalidad a De la Cruz, más otras dieciocho lesiones musculares.

A la vez, por la superposición del calendario de la LPF con el de Eliminatorias, perdió figuras para disputar cuatro partidos, forzando la épica: Pérez jugó de central y terminó marcándole un gol de 9 de área a Sarmiento para una victoria agónica, el pibe Peña -volante por naturaleza- fue figura ante Independiente y Banfield como zaguero…

Incluso, ya con plantilla completa, ante Talleres River jugó 82 minutos con un jugador menos por una expulsión temprana y terminó ganando 2-0 el partido más determinante del paquete decisivo. El sexto de una serie de ocho victorias consecutivas que intensificó el impensado pero consolidado favoritismo.

Y ahora, el futuro está en manos de Gallardo y de un River que se propuso desafiar al horóscopo para darle a su entrenador el decimotercer campeonato, para dejarlo a apenas a una final de Ángel Amadeo Labruna en la ecuación títulos de jugador + técnico. La serie de giros literarios que enmarcan al partido de esta noche merecen un hollywoodense final anticipado.

Justo con Ponzio y tal vez con Maidana en cancha.

Justo ante Racing, aquel rival contra el que el primer cuadro que armó el Muñeco perdió su primera excursión liguera.

Justo ante Fernando Gago, ahora deté que hace tres años integró el Boca que perdió la final de Madrid.

Justo en un Monumental que por primera vez lucirá pleno tras meses de encierro, puertas cerradas y aforos controlados…

La Liga está ahí de quedar en Núñez. En manos de un Muñeco que agigantará su leyenda, otra vez, pero hoy con ese título que desde la otra vereda se ufanaban de haber conseguido en continuado.

Gallardo también callará esas voces. Cantará campeón. Cantará calla 13.

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