Enzo Pérez y Armani, en el club de los 150

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La historia es un conjunto de acontecimientos de una civilización, una persona, un pueblo, un club. Pero a la vez es un púlpito etéreo: todos tenemos una historia pero no todos entran en “la historia”. En el fútbol, el inconsciente colectivo le otorga aquella plaza a quienes hacen el suficiente mérito para ser recordados de modo atemporal. Algunos son ungidos como históricos por cantidad de partidos; otros, por títulos; unos pocos, por los campeonatos más trascendentes; y un reducido grupo ingresa tras haberle cantado bingo a la requisitoria.

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Enzo Pérez y Franco Armani son parte de esa familia de íconos: además de haber logrado títulos valiosos, de ser referentes vigentes de un grupo en transición, alcanzarán los 150 partidos frente a Central Córdoba y conformarán el selecto G7 que ya incluye a Ponzio, Nacho Fernández, Maidana, Casco y el Pity Martínez entre los futbolistas con más acción en el ciclo más ganador. Y se sumarán a este círculo privilegiado sin el relax que puede ofrecer el haber ganado todo, lo que valida por qué están en la línea sucesoria de la cinta de capitán detrás del tridente Ponzio-Maidana-Pinola.

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Enzo estaba predestinado, quizás hasta por nombre propio, a transformarse en indiscutido. Es, por esencia, el arquetipo del jugador de River: elitista de la pelota, talentoso para la recuperación, también se ha convertido en un obstinado en no errar pases alcanzando medias de efectividad cercanas del 90% de los pases. Sin embargo, su oferta espiritual, su IQ táctico y su esfuerzo todoterreno despojado de combustión -complementado por su fanatismo por River- lo transformaron en un jugador decisivo para Gallardo, a punto tal que un entrenador poco afín a referirse a nombres propios lo posiciona como su “termómetro”. El jugador que estando bien potencia las posibilidades del equipo.

Enzo, clave en el River de Gallardo (German García Adrasti)

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Desde que consiguió “hacer el click” a mediados de 2018 para quitarse de encima la responsabilidad extra de no desaprovechar la oportunidad que tanto había soñado, Pérez subió peldaños hasta llegar a ser el 5 por encima del histórico Ponzio. Y asumió el rol de líder, apuntalando a los talentos jóvenes o recién llegados con gestos cotidianos. Pautas que representan el estilo G.

Su titularidad en el arco el 19 de mayo ante Santa Fe se transformó en tema de museo pero a la vez materializó la retórica gallardista. La que marca que el equipo debe estar siempre por encima de los nombres. Arriesgó el ropaje de ilustre por convicción. Y fue partícipe de un partido icónico no sólo por el resultado deportivo sino porque marcó el éxito de la doctrina del DT: todos se alinearon detrás del bien común. El buzo verde flúo, las tazas, los tatuajes y demás merchandising exitoso fueron réplicas tangibles de cómo encarnó a la idiosincrasia de este River.

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Armani a su vez superó la vara de su ilusión juvenil. De volar en los picados de Casilda imaginándose Germán Burgos pasará a superar la marca histórica del Mono y quedará a apenas 24 partidos de saltar a Perico Pérez e ingresar al top five de los arqueros con más presencias en el club. Pero si existen hinchas suyos que lo toman como referente, es producto de su rendimiento y no tanto de su longevidad deportiva.

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A Franco posiblemente se lo naturalice como a cualquier leyenda en vigencia, aunque si alcanzó el rango de indiscutido fue porque rindió en consecuencia: en cuatro años y ocho meses de trayectoria en River compactó logros asentados en la estadística pero también en el recuerdo emotivo. Armani consiguió en River lo que hubiera sido considerado prácticamente inimaginable en 2017, cuando el puesto de arquero rotaba inquilinos (Germán Lux, August Batalla, Enrique Bologna) sin propietarios de largo aliento: su impronta y su nivel le permitieron desplazar a un segundo plano incluso a otro símbolo del ciclo, Marcelo Barovero, entrañable y antiguo capitán y referente hasta su éxodo en 2016.

Sus atajadas, fundamentales (Prensa River).

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Un caso inimitable hasta la aparición de este fenómeno, quien lo superó hasta convertirse en el arquero del siglo del CARP, siendo uno de los cuatro porteros campeones de Libertadores junto a Pumpido, Burgos y Trapito.

En la memoria de los hinchas conviven los 965’ sin recibir goles de Armani rompiendo un récord institucional (Amadeo Carrizo quedó segundo con 769’) y quedando a nada de los 1.075’ de Carlos Barisio, #1 del fútbol argentino. Pero las conciencias riverplatenses también abrazan con cariño sus capturas imposibles. Su primer superclásico en Mendoza siendo MVP, el blindaje al arco en Racing en su primera Libertadores, los reflejos y la agilidad para desactivar un gol de Gigliotti en aquella misma Copa y el mano a mano a Benedetto que encaminó la gloria eterna de 2018, lanzamiento definitivo al púlpito. Un año en el que pasó de ser un arquero sin minutos en Primera a ganarse una plaza en la Selección, viajando a Rusia 18 y generando la confianza suficiente en la proyección a Qatar.

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Y entonces, a su modo, cada uno se transformó en referencia. Y le aportó a los libros de River un valor agregado que no es cuantificable desde lo numérico pues está alineado a lo emotivamente perpetuo. A su modo, con su estilo, con su impronta, entraron indefectiblemente en la historia.

Los otros con 150 partidos

Apenas cinco jugadores han alcanzado esa marca en el ciclo Gallardo: Leonardo Ponzio, Nacho Fernández, Milton Casco, Jonatan Maidana y el Pity Martínez. 

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