Carrascal y la influencia de Enzo y Gallardo Carrascal

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Cuando escribió El Fútbol a Sol y Sombra, su tesis sobre el deporte más popular, Eduardo Galeano destacaba cómo el futbolista “que había empezado jugando por el placer de jugar, en las calles de tierra de los suburbios, ahora juega en los estadios por el deber de trabajar y tiene la obligación de ganar”. Menudo cambio de paradigma, difícil de asimilar, que sólo unos pocos consiguen atravesar exitosamente, no sin esfuerzo. No sin apoyo.

Si Jorge Carrascal logró cierto grado de estabilidad en su juego, aún de variada intensidad, fue precisamente por haber asimilado distintos mensajes bajados desde distintas áreas de su círculo deportivo.

A los 23 años comienza paulatinamente a demostrar el valor agregado que puede brindarle a un equipo al que llegó a los 20, rotulado como “el Neymar colombiano” pero sin proyección de pista a corto plazo, chocándose con la difícil adaptación a Buenos Aires, a la exigencia de River, a la “obligación” a la que hacía mención Galeano.

Su realidad se fue modificando a partir de gestos no verbales que intentaron nutrir su confianza -la titularidad a fines de 2020, la camiseta #10 post éxodo de Ignacio Fernández- pero también de diálogos concretos con personalidades de River. Específicamente con dos símbolos: Marcelo Gallardo y Enzo Francescoli.

Entrenador y manager mantienen charlas periódicamente con él. Diálogos que -según los allegados al jugador- han surtido un gran efecto en el cartaginés.

“Enzo le llega mucho. Él suele manifestar que muchas cosas que le dijo las guarda en su corazón”, deslizan desde el entorno de un Carrascal que transitó invariablemente por la orilla que separa la realidad y la expectativa, y que específicamente en este semestre sintió un click interno.

Una confianza que puede traducirse o no en su rendimiento, pero que está presente. Y que percibe, además, de aquellos compañeros que lo hacen sentirse importante. “Tratamos de que no pase tres o cuatro minutos sin la pelota”, confesaba De la Cruz hace tres meses.

“Es un crack. Me encanta. No cualquiera lleva la 10”, coincidía Matías Suárez en diálogo con Olé. Frases que podrían considerarse de cassette si no tuvieran un correlato en las prácticas o en los partidos, donde se lo intenta involucrar como eje.

Una referencia llamada Muñeco

Una de las charlas en pleno partido entre Gallardo y Carrascal. También se dan en privado (AFP).

Una de las charlas en pleno partido entre Gallardo y Carrascal. También se dan en privado (AFP).

Gallardo también ha sido decisivo para que ese talento importado del Karpaty Lviv de Ucrania a comienzos de 2019 hoy comience a ser considerado una pieza decisiva para su equipo.

“Tiene charlas paternales con Jorge. Lo apoya mucho. Siente esa calidez y ese respaldo. Se da cuenta de que quiere ayudarlo”, reza otra voz cercana a Carrascal, quien en un contexto que -es cierto- ofrece pocas alternativas ABC1, ya es uno de los 11 jugadores que más minutos sumó en el semestre: 774’.

Incluso en el último pack de tres partidos aportó dos goles -definiciones exquisitas ante Sarmiento y Newell’s- y una asistencia ante Independiente.

Aunque también paulatinamente Carrasca, como le dice cariñosamente el deté, evoluciona conceptualmente en otros aspectos: parece esforzarse por evitar chiches inoportunos e intenta ser más expeditivo en el pase. Y pese a que sigue teniendo lapsos en los que no influye o cometiendo errores no forzados, su grado de confiabilidad parece ir creciendo.

Por supuesto, Gallardo lo apuntala e incluso intenta calmarlo para evitar reacciones innecesarias -un ejemplo, la roja frente a Palmeiras en la Libertadores 20- que pudieran derivar en una tarjeta.

“Mis compañeros, el cuerpo técnico y la familia me motivan y me ayudan para salir adelante y seguir creciendo. Sé que no tengo que regalar nada, tengo que seguir dándole”, decía Carrascal después de haberle marcado a Newell’s.

Está disfrutando. O comenzando a hacerlo, por fin. Quizás el paso decisivo sea el equilibrio entre ese jugar por placer y la entereza para comprender los momentos. El respaldo de Gallardo y de Enzo, en ese sentido, necesariamente contribuyen en su éxito. Son charlas que valen goles. Y festejos de River.

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