Julián Álvarez, el hombre del Araño

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Nació para enmendar un error. Charles Lindberg había cruzado el Atlántico en avión: seis mil kilómetros pilotando el Spirit Of St. Louis entre Nueva York y París. Y la revista Time no lo había llevado a tapa. No al menos en febrero, cuando el estadounidense fue pionero en los vuelos transatlánticos. A finales de 1927, entonces, creó un suplemento para homenajear al Hombre del Año, desde 1999 una apertura editorial inclusiva: Personalidad del Año.

River cuenta con un talento de alto vuelo que amerita, a esta altura del 2021, su portada propia. Julián Álvarez logró completar su transformación de promesa a realidad en estos nueve meses y medio.

Una personalidad destacada validada desde lo estadístico pero a la vez desde lo meramente conceptual: su presencia en el equipo de Gallardo se fue volviendo cada vez más determinante -incluso con altibajos-, a punto tal que se transformó en el único jugador de campo del fútbol argentino en integrar el staff de Selección.

Una tapa que Julián se merecía: el hombre del año.

Una tapa que Julián se merecía: el hombre del año.

Un crédito de élite al que el club le fijó una cláusula de 25 millones de euros al hacerle contrato hasta diciembre de 2022 (en breve deberá iniciar charlas para renovar). Un futbolista que ya fue tentado por los dólares de la económicamente atractiva MLS -el Orlando City ofertó u$s 10M más un bonus- y que entró en el radar de clubes UEFA como Aston Villa y Ajax pero prefiere aguardar por una alternativa ABC1, a la altura de sus valencias técnicas antes de dar el salto a Europa.

Contra Newell’s, Álvarez exhibió su talento último modelo: controles orientados, capacidad de lectura táctica, despliegue físico y definición exquisita para anotar dos goles y convidar dos asistencias. Robusteciendo, así, sus números 2021: participó en 22 goles, marcando diez y trazando otros 12 pases decisivos.

Sin embargo, su valor en el funcionamiento colectivo trasciende su rol ofensivo. Dio muestras de ello en momentos límite: en la Bombonera, un día después de los primeros 15 casos del brote de coronavirus que afectó al plantel én mayo, Julián fue decisivo para empatar el superclásico y llevarlo a los penales en un contexto desfavorable.

Su figura se agigantó aún más la noche del 19/5, en el histórico partido frente a Independiente Santa Fe, cuando terminó siendo el jugador de campo más influyente en aquella gesta recordada por la presencia de Enzo Pérez en el arco: no sólo marcó un golazo sino que superó sus indicadores GPS de distancias recorridas. Se hizo cargo de una responsabilidad que quizás otro talento de su edad no hubiese podido sobrellevar con tanta soltura.

Un proyecto llamado Álvarez

Julián Álvarez celebra el triunfo de River ante Boca en Madrid (AFP).

Julián Álvarez celebra el triunfo de River ante Boca en Madrid (AFP).

Quizás Álvarez merezca ser valorado con una primera plana precisamente porque se trata de un triunfo de los proyectos, tan subvalorados en esta parte del planeta. Lo que hoy disfruta River fue imaginado por el Muñeco hace exactamente tres años.

Gallardo lo promovió a fines de 2018, lo hizo debutar ante Aldosivi con 18 años y con apenas cuatro partidos de experiencia lo mandó a patear el quinto penal de la serie ante Gimnasia LP por la semifinal de la Copa Argentina. Quedaba claro que el Muñeco pretendía ir dándole minutos pero, al mismo tiempo, responsabilidades para testearlo. “Para que vaya viviendo estas experiencias. Lo hice patear el penal porque es un jugador que tiene jerarquía y hace una semana me ganó un campeonato de penales”, según contaba el deté, que 11 días más tarde y una semana después del acto de fin de curso de la escuela secundaria del calchinense lo haría ingresar a los 7 minutos del tiempo extra de la final contra en Madrid.

Alvarez con la camiseta del Real, en un partido con el Barcelona.

Alvarez con la camiseta del Real, en un partido con el Barcelona.

No fue todo: en 2019, luego de haber estado afectado a las Juveniles, también fue considerado para dos partidos clave: ante Flamengo, por la final de la Libertadores en Lima (1-2) y frente a Central Córdoba en la final de la CA, convirtiendo el 3-0 luego de un jugadón de 20 toques previos.

Sin embargo, su anclaje definitivo como primera opción se dio en 2020: después del receso post cuarentena se metió en el equipo y la rompió en la fase de grupos de la Copa, marcando cinco goles y dando una asistencia. A la lógica meseta posterior en su proceso madurativo le siguió la estabilización de su rendimiento en este 2021. Y en Rosario quedó en evidencia.

Porque jugó el Julián que la rompía en el Atlético Calchín. El que fue bautizado Araña a los dos años porque, por cómo controlaba una pelota, parecía tener cuatro pares de piernas. El que a los diez se probó en el Real Madrid y no quedó por una cuestión de edad. El que a los 15 decidió venirse a Buenos Aires convencido de que en River tendría una chance. Seis años después, su vaticinio se cumplió. Y merece una tapa.

Es el hombre del araño.

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